Laurie Lipton nació en Nueva York, comenzó a dibujar a los 4 años y a lo largo del tiempo se vio influenciada por las pinturas religiosas de la Escuela Flamenca.
"Todo era arte abstracto y conceptual cuando iba a la universidad. Mis maestros me dijeron que el arte figurativo había pasado de moda en la Edad Media y que debía expresarme con formas, pero las salpicaduras en el lienzo y las rocas en el suelo me aburrían".
"El blanco y negro es el color de las fotografías antiguas y los viejos programas de televisión... Es el color de los fantasmas, la nostalgia, el paso del tiempo, la memoria, la locura. El blanco y negro dolía. Me di cuenta que era perfecto para las imágenes de mi trabajo".
"Crecí en los limpios y confortables suburbios de Nueva York en las décadas del 50' y 60'. Todo era perfecto. Todos eran perfectos. Yo era una perfecta y adorable niñita. ¿Pero qué demonios podía hacer yo con la masa arremolinada de sentimientos anti Disney que tenía en mis entrañas? ¿Cómo se supone que iba a lidiar con el miedo, la ira y todas las otras emociones negativas humanas? Si no hubiese encontrado una forma de dejar salir el horror, me hubiese consumido de adentro hacia afuera".
"Desde que era una niña tuve el deseo de dibujar. No sé porqué. Era una urgencia, una necesidad. Soy más feliz cuando estoy sentada dibujando en mi mesa. El resto de la vida me parece una molesta interrupción".
Entrevista completa en inglés en
beingArt.
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