Documental sobre la vida de Daniel Johnston, un multifacético artista maníaco-depresivo.
Dirección y guión: Jeff Feuerzeig.
País: USA.
Año: 2005.
Duración: 110 min.
Género: Documental.
Intervenciones: Louis Black, Bill Johnston, Daniel Johnston, Mabel Johnston, Jeff Tartakov, Kathy McCarty, Gibby haines, Jad Fair, David Fair, Matt Groening.
Producción: Henry S. Rosenthal.
Música: Daniel Johnston.
Fotografía: Fortunato Procopio.
Montaje: Tyler Hubby.
Dirección artística: Jill McGraw.
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Dirección y guión: Jeff Feuerzeig.
País: USA.
Año: 2005.
Duración: 110 min.
Género: Documental.
Intervenciones: Louis Black, Bill Johnston, Daniel Johnston, Mabel Johnston, Jeff Tartakov, Kathy McCarty, Gibby haines, Jad Fair, David Fair, Matt Groening.
Producción: Henry S. Rosenthal.
Música: Daniel Johnston.
Fotografía: Fortunato Procopio.
Montaje: Tyler Hubby.
Dirección artística: Jill McGraw.
Deseando morir
Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.
Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.
Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.
En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.
De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.
No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.
Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.
¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,
y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.
Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.
Yapa: tema que compuso Peter Gabriel dedicado a la poetisa y que lleva el título Mercy Street haciendo alusión a la obra "45 Mercy Street" de Sexton.
Cuando la distancia geográfica se convierte en una barrera, proyectos como Enredarte permiten acercar y articular el arte y la educación poniéndolas al alcance del público.
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Adam Pesapane -más conocido como PES- es el animador y director de varios cortos hechos en stop-motion sumamente ingeniosos.
"Tengo un montón de ideas acerca de los objetos. Me encanta el stop-motion, pero al mismo tiempo, no es la única cosa que quiero hacer".
Para muestra basta un botón...
Tú y yo estamos condenados
por la ira de un señor que no da el rostro
a danzar sobre un paraje calcinado
o a escondernos en el culo de algún monstruo.
Tú y yo siempre prisioneros
de aquella maldición desconocida.
Sin vivir, luchando por la vida.
Sin cabeza, poniéndonos sombrero.
Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.
Caminamos soñando un gran palacio
y el sol su imagen rota nos devuelve
transformada en prisión que nos guarece.
Reinaldo Arenas - La Habana, 1971.
“El misterio Picasso es un film de acción. Gracias a lienzos semitransparentes y a tintas especiales, la pintura es realizada directamente sobre la imagen cinematográfica, y puede ser seguida en vivo por el espectador: la tela ha sido reemplazada por la pantalla. La inventiva de Henri-Georges Clouzot hace de este documental de arte un film de suspenso, de aventuras, un drama psicológico y un dibujo animado, todo a la vez.” Este excepcional documental fue realizado en un período de 3 meses en la villa que el pintor adquirió en Cannes tras la muerte de su esposa. Allí, en “La california”, Clouzot desplegó el material necesario para filmar el proceso de creación del arte desde un punto de vista único. Filmando a través de telas semitransparentes, conseguía provocar el efecto de que el pintor estaba creando directamente sobre la pantalla de cine. La película fue filmada en blanco y negro, pero impresionada sobre negativo a color – excepto para las tintas coloreadas, en Eastmantcolor-, lo que contribuye a resaltar más la obra que el hombre. La música de Georges Auric acompaña todo el tiempo el trabajo de Picasso con ritmos de jazz, clásica o flamenco, narrando y dramatizando cada pintura. Tras terminar el rodaje, Picasso destruyó casi todos los cuadros que había realizado. El film es, pues, una obra de arte en sí misma y la única oportunidad de contemplar unos lienzos que sólo existen sobre el negativo. El misterio Picasso fue declarado tesoro nacional por el gobierno francés en 1984 y Catherine Rambeau se refirió a él como “el equivalente del siglo XX a haber visto a Miguel Ángel transformar la Capilla Sixtina”. Charlotte Garzón.
Director: Henri-Georges Clouzot
Año: 1956
Reparto: Pablo Picasso, Claude Renoir, Henri-Georges Clouzot
Guión: Henri-Georges Clouzot
Fotografía: Claude Renoir
Música: Georges Auric
La capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La nieve cae lentamente en gruesos copos, gira alrededor de los faroles encendidos, se extiende, en fina, blanda capa, sobre los tejados, sobre los lomos de los caballos, sobre los hombros humanos, sobre los sombreros.
El cochero Yona está todo blanco, como un aparecido. Sentado en el pescante de su trineo, encorvado el cuerpo cuanto puede estarlo un cuerpo humano, permanece inmóvil. Diríase que ni un alud de nieve que le cayese encima lo sacaría de su quietud.
Su caballo está también blanco e inmóvil. Por su inmovilidad, por las líneas rígidas de su cuerpo, por la tiesura de palos de sus patas, parece, aun mirado de cerca, un caballo de dulce de los que se les compran a los chiquillos por un copec. Hállase sumido en sus reflexiones: un hombre o un caballo, arrancados del trabajo campestre y lanzados al infierno de una gran ciudad, como Yona y su caballo, están siempre entregados a tristes pensamientos. Es demasiado grande la diferencia entre la apacible vida rústica y la vida agitada, toda ruido y angustia, de las ciudades relumbrantes de luces.
Hace mucho tiempo que Yona y su caballo permanecen inmóviles. Han salido a la calle antes de almorzar; pero Yona no ha ganado nada.
Las sombras se van adensando. La luz de los faroles se va haciendo más intensa, más brillante. El ruido aumenta.
- ¡Cochero! -oye de pronto Yona-. ¡Llévame a Viborgskaya!
Yona se estremece. A través de las pestañas cubiertas de nieve ve a un militar con impermeable.
- ¿Oyes? ¡A Viborgskaya! ¿Estás dormido?
Yona le da un latigazo al caballo, que se sacude la nieve del lomo. El militar toma asiento en el trineo. El cochero arrea al caballo, estira el cuello como un cisne y agita el látigo. El caballo también estira el cuello, levanta las patas, y, sin apresurarse, se pone en marcha.
- ¡Ten cuidado! -grita otro cochero invisible, con cólera-. ¡Nos vas a atropellar, imbécil! ¡A la derecha!
- ¡Vaya un cochero! -dice el militar-. ¡A la derecha!
Siguen oyéndose los juramenitos del cochero invisible. Un transeúnte que tropieza con el caballo de Yona gruñe amenazador. Yona, confuso, avergonzado, descarga algunos latigazos sobre el lomo del caballo. Parece aturdido, atontado, y mira alrededor como si acabara de despertar de un sueño profundo.
- ¡Se diría que todo el mundo ha organizado una conspiración contra ti! -dice con tono irónico el militar-. Todos procuran fastidiarte, meterse entre las patas de tu caballo. ¡Una verdadera conspiración!
Yona vuelve la cabeza y abre la boca. Se ve que quiere decir algo; pero sus labios están como paralizados, y no puede pronunciar una palabra.
El cliente advierte sus esfuerzos y pregunta:
- ¿Qué hay?
Yona hace un nuevo esfuerzo y contesta con voz ahogada:
- Ya ve usted, señor... He perdido a mi hijo... Murió la semana pasada...
- ¿De veras?... ¿Y de qué murió?
Yona, alentado por esta pregunta, se vuelve aún más hacia el cliente y dice:
- No lo sé... De una de tantas enfermedades... Ha estado tres meses en el hospital y a la postre... Dios que lo ha querido.
- ¡A la derecha! -óyese de nuevo gritar furiosamente-. ¡Parece que estás ciego, imbécil!
- ¡A ver! -dice el militar-. Ve un poco más aprisa. A este paso no llegaremos nunca. ¡Dale algún latigazo al caballo!
Yona estira de nuevo el cuello como un cisne, se levanta un poco, y de un modo torpe, pesado, agita el látigo.
Se vuelve repetidas veces hacia su cliente, deseoso de seguir la conversación; pero el otro ha cerrado los ojos y no parece dispuesto a escucharle.
Por fin, llegan a Viborgskaya. El cochero se detiene ante la casa indicada; el cliente se apea. Yona vuelve a quedarse solo con su caballo. Se estaciona ante una taberna y espera, sentado en el pescante, encorvado, inmóvil. De nuevo la nieve cubre su cuerpo y envuelve en un blanco cendal caballo y trineo.
Una hora, dos... ¡Nadie! ¡Ni un cliente!
Mas he aquí que Yona torna a estremecerse: ve detenerse ante él a tres jóvenes. Dos son altos, delgados; el tercero, bajo y chepudo.
- ¡Cochero, llévanos al puesto de policía! ¡Veinte copecs por los tres!
Yona coge las riendas, se endereza. Veinte copecs es demasiado poco; pero, no obstante, acepta; lo que a él le importa es tener clientes.
Los tres jóvenes, tropezando y jurando, se acercan al trineo. Como sólo hay dos asientos, discuten largamente cuál de los tres ha de ir de pie. Por fin se decide que vaya de pie el jorobado.
- ¡Bueno; en marcha! -le grita el jorobado a Yona, colocándose a su espalda-. ¡Qué gorro llevas, muchacho! Me apuesto cualquier cosa a que en toda la capital no se puede encontrar un gorro más feo...
- ¡El señor está de buen humor! -dice Yona con risa forzada-. Mi gorro...
- ¡Bueno, bueno! Arrea un poco a tu caballo. A este paso no llegaremos nunca. Si no andas más aprisa te administraré unos cuantos sopapos.
- Me duele la cabeza -dice uno de los jóvenes-. Ayer, yo y Vaska nos bebimos en casa de Dukmasov cuatro botellas de caña.
- ¡Eso no es verdad! -responde el otro- Eres un embustero, amigo, y sabes que nadie te cree.
- ¡Palabra de honor!
- ¡Oh, tu honor! No daría yo por él ni un céntimo.
Yona, deseoso de entablar conversación, vuelve la cabeza, y, enseñando los dientes, ríe atipladamente.
- ¡Ji, ji, ji!... ¡Qué buen humor!
- ¡Vamos, vejestorio! -grita enojado el chepudo-. ¿Quieres ir más aprisa o no? Dale de firme al gandul de tu caballo. ¡Qué diablo!
Yona agita su látigo, agita las manos, agita todo el cuerpo. A pesar de todo, está contento; no está solo. Le riñen, lo insultan; pero, al menos, oye voces humanas. Los jóvenes gritan, juran, hablan de mujeres. En un momento que se le antoja oportuno, Yona se vuelve de nuevo hacia los clientes y dice:
- Y yo, señores, acabo de perder a mi hijo. Murió la semana pasada...
- ¡Todos nos hemos de morir!-contesta el chepudo-. ¿Pero quieres ir más aprisa? ¡Esto es insoportable! Prefiero ir a pie.
- Si quieres que vaya más aprisa dale un sopapo -le aconseja uno de sus camaradas.
- ¿Oye, viejo, estás enfermo?-grita el chepudo-. Te la vas a ganar si esto continúa.
Y, hablando así, le da un puñetazo en la espalda.
- ¡Ji, ji, ji! -ríe, sin ganas, Yona-. ¡Dios les conserve el buen humor, señores!
- Cochero, ¿eres casado? -pregunta uno de los clientes.
- ¿Yo? !Ji, ji, ji! ¡Qué señores más alegres! No, no tengo a nadie... Sólo me espera la sepultura... Mi hijo ha muerto; pero a mí la muerte no me quiere. Se ha equivocado, y en lugar de cargar conmigo ha cargado con mi hijo.
Y vuelve de nuevo la cabeza para contar cómo ha muerto su hijo; pero en este momento el chepudo, lanzando un suspiro de satisfacción, exclama:
- ¡Por fin, hemos llegado!
Yona recibe los veinte copecs convenidos y los clientes se apean. Les sigue con los ojos hasta que desaparecen en un portal.
Torna a quedarse solo con su caballo. La tristeza invade de nuevo, más dura, más cruel, su fatigado corazón. Observa a la multitud que pasa por la calle, como buscando entre los miles de transeúntes alguien que quiera escucharle. Pero la gente parece tener prisa y pasa sin fijarse en él.
Su tristeza a cada momento es más intensa. Enorme, infinita, si pudiera salir de su pecho inundaría al mundo entero.
Yona ve a un portero que se asoma a la puerta con un paquete y trata de entablar con él conversación.
- ¿Qué hora es? -le pregunta, melifluo.
- Van a dar las diez -contesta el otro-. Aléjese un poco: no debe usted permanecer delante de la puerta.
Yona avanza un poco, se encorva de nuevo y se sume en sus tristes pensamientos. Se ha convencido de que es inútil dirigirse a la gente.
Pasa otra hora. Se siente muy mal y decide retirarse. Se yergue, agita el látigo.
- No puedo más -murmura-. Hay que irse a acostar.
El caballo, como si hubiera entendido las palabras de su viejo amo, emprende un presuroso trote.
Una hora después Yona está en su casa, es decir, en una vasta y sucia habitación, donde, acostados en el suelo o en bancos, duermen docenas de cocheros. La atmósfera es pesada, irrespirable. Suenan ronquidos.
Yona se arrepiente de haber vuelto tan pronto. Además, no ha ganado casi nada. Quizá por eso -piensa- se siente tan desgraciado.
En un rincón, un joven cochero se incorpora. Se rasca el seno y la cabeza y busca algo con la mirada.
- ¿Quieres beber? -le pregunta Yona.
- Sí.
- Aquí tienes agua... He perdido a mi hijo... ¿Lo sabías?... La semana pasada, en el hospital... ¡Qué desgracia!
Pero sus palabras no han producido efecto alguno. El cochero no le ha hecho caso, se ha vuelto a acostar, se ha tapado la cabeza con la colcha y momentos después se le oye roncar.
Yona exhala un suspiro. Experimenta una necesidad imperiosa, irresistible, de hablar de su desgracia. Casi ha transcurrido una semana desde la muerte de su hijo; pero no ha tenido aún ocasión de hablar de ella con una persona de corazón. Quisiera hablar de ella largamente, contarla con todos sus detalles. Necesita referir cómo enfermó su hijo, lo que ha sufrido, las palabras que ha pronunciado al morir. Quisiera también referir cómo ha sido el entierro... Su difunto hijo ha dejado en la aldea una niña de la que también quisiera hablar. ¡Tiene tantas cosas que contar! ¡Qué no daría él por encontrar alguien que se prestase a escucharlo, sacudiendo compasivamente la cabeza, suspirando, compadeciéndolo! Lo mejor sería contárselo todo a cualquier mujer de su aldea; a las mujeres, aunque sean tontas, les gusta eso, y basta decirles dos palabras para que viertan torrentes de lágrimas.
Yona decide ir a ver a su caballo.
Se viste y sale a la cuadra.
El caballo, inmóvil, come heno.
- ¿Comes? -le dice Yona, dándole palmaditas en el lomo-. ¿Qué se le va a hacer, muchacho? Como no hemos ganado para comprar avena hay que contentarse con heno... Soy ya demasiado viejo para ganar mucho... A decir verdad, yo no debía ya trabajar; mi hijo me hubiera reemplazado. Era un verdadero, un soberbio cochero; conocía su oficio como pocos. Desgraciadamente, ha muerto...
Tras una corta pausa, Yona continúa:
- Sí, amigo..., ha muerto... ¿Comprendes? Es como si tú tuvieras un hijo y se muriera... Naturalmente, sufrirías, ¿verdad?...
El caballo sigue comiendo heno, escucha a su viejo amo y exhala un aliento húmedo y cálido.
Yona, escuchado al cabo por un ser viviente, desahoga su corazón contándoselo todo.

EXPOSICIÓN "ÍNTIMO".
La muestra de cuadros y objetos de Augusto Lombardi podrá ser visitada hasta el 29 de Julio de 2011.
Fundación HAMPATU - Florida 835, CABA.
Bordes y desbordes de una ciudad - Fotografía y video arte argentino 1930-2011.
La exposición propone una reflexión a partir de un recorrido visual que da cuenta de los cambios estéticos y sociales de la ciudad entre 1930 y la actualidad, a partir de una selección de 90 imágenes de renombrados fotógrafos y artistas de video arte argentinos. Se exhibe obra de Annemarie Heinrich, Horacio Coppola, Juan Di Sandro, Sameer Makarius, Grete Stern, Alicia D´Amico, Diego Ortiz Mugica, Aldo Sessa, Dino Bruzzone, Esteban Pastorino, Marcelo Grosman, Jorge Miño, Nicola Costantino, Res, Flavia Da Rin, Pablo Zicarello, Adriana Bustos, David Lamelas, Ana Gallardo, Tomás Espina, y Ernesto Ballesteros.
La exposición propone una reflexión a partir de un recorrido visual que da cuenta de los cambios estéticos y sociales de la ciudad entre 1930 y la actualidad, a partir de una selección de 90 imágenes de renombrados fotógrafos y artistas de video arte argentinos. Se exhibe obra de Annemarie Heinrich, Horacio Coppola, Juan Di Sandro, Sameer Makarius, Grete Stern, Alicia D´Amico, Diego Ortiz Mugica, Aldo Sessa, Dino Bruzzone, Esteban Pastorino, Marcelo Grosman, Jorge Miño, Nicola Costantino, Res, Flavia Da Rin, Pablo Zicarello, Adriana Bustos, David Lamelas, Ana Gallardo, Tomás Espina, y Ernesto Ballesteros.
Centro Cultural Borges - Viamonte 525, Ciudad de Buenos Aires.
Jueves 14 de Julio - 21.00 / Cine
Ciclo de cine independiente japonés.
Este jueves "Survive Style 5+" de Gen Sekiguchi.
Jueves 14 de Julio - 21.00 / Cine
Ciclo de cine independiente japonés.
Este jueves "Survive Style 5+" de Gen Sekiguchi.
En: Fili Bar - Bulnes 2022





















