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Acá va un clásico de Hemingway que no puede faltar en tu biblioteca.
“No comprendo estas cosas. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar el sol o la luna o las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos”.
La yapa: un videíto en stop motion inspirado en la obra de Ernest...
"El señor Jones, propietario de la Granja Manor, cerró por la noche los gallineros, pero estaba demasiado borracho para recordar que había dejado abiertas las ventanillas. Con la luz de la linterna danzando de un lado a otro cruzó el patio, se quitó las botas ante la puerta trasera, sirvióse una última copa de cerveza del barril que estaba en la cocina y se fue derecho a la cama, donde ya roncaba la señora Jones.
Apenas se hubo apagado la luz en el dormitorio, empezó el alboroto en toda la granja..."
Rebelión en la granja
La marca
"U Po Kyin, magistrado del distrito de Kyauktada, en la Alta Birmania, estaba sentado en su veranda. Sólo eran las ocho y media de la mañana, pero en el mes de abril, por lo que el aire se espesaba amenazando ya las irrespirables lloras del centro del día. De vez en cuando, alguna brisa muy débil, que parecía fresca por contraste, movía las orquídeas que colgaban de los aleros. Más allá de las orquídeas podía verse el tronco polvoriento y retorcido de una palmera, y luego el deslumbrante cielo azul marino. Muy arriba, en el cenit, tan altos que se mareaba uno de mirarlos, unos cuantos buitres giraban sin que les temblasen siquiera las alas..."
1984
1984 // Película en español
"Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie".
1984 // Película en español
Ocurre en los humanos
y también con los espantapájaros
No son derechos.
Kobayashi Issa
La palabra Karakuri define a estos delicados títeres/muñecas/muñecos japoneses que poseen ingeniosos dispositivos mecánicos cuyo fin es el de "burlar, engañar o tomar por sorpresa al espectador".
Tradicionalmente, los Karakuri aparecían en los festivales religiosos representando antiguos mitos y leyendas, entreteniendo al público con sus delicados y elegantes movimientos.
El Cyclotrope es uno de los primeros trabajos de animación de Tim Wheatley, un estudiante de la Art Foundation en Cornwall, Inglaterra. Con un ciclo de 18 imágenes (girando a una velocidad determinada) filmado a cierta frecuencia de fotogramas, se consigue una increíble ilusión de animación. La música que utiliza es de Jherek Bischofff, el nombre de la canción "Kule Kule", versión orquesta.
Podés ver más del proyecto de Tim en sus blogs The Cyclotrope Project y Tim Wheatley Digital Animation Blog.
*via Sinequanum
Would this do
To make it all right
While sleep has taken you
Where I'm out of sight
I'll make my getaway
Time on my own
Search for a better way
To find my way home
To your smile
Wasting days and days
On this night
Always down and up
Half the night
Hopeless to reminisee
Through the dark hours
We'll only sacrifice
What time will allow us
You're sighing... sighing
All alone
Though you're right here
Now it's time to go
From your sad stare
Make my getaway
Time on my own
Needing a better way
To find my way home
To your smile
Animación filmada durante 35 noches y casi completamente en una playa cercana a la casa de la pareja y sociedad artística conformada por Yuval Nathan y Merav Ben Sim.
Eatliz.
Lose this child (Anova Music)
Directores: Nathan Yuval, Simón Merav Ben (Nathan)
Animación: Nathan Yuval, Shetrit Guy Ben, Zilbernagel Moshe Tzur Talia.
Concepto: Nathan Yuval, Simón Merav Ben (Nathan)
"Durante mucho tiempo dudé en escribir un libro sobre la mujer. El tema es irritante, sobre todo para las mujeres; pero no es nuevo. La discusión sobre el feminismo ha hecho correr bastante tinta; actualmente está punto menos que cerrada: no hablemos más de ello. Sin embargo, todavía se habla. Y no parece que las voluminosas estupideces vertidas en el curso de este último siglo hayan aclarado mucho el problema. Por otra parte, ¿es que existe un problema? ¿En qué consiste? ¿Hay siquiera mujeres?". Introducción del libro "El segundo sexo".
Sobre medios y periodistas, por Pierre Bourdieu
(Diálogo con el periodista François Granon) (*)
- ¿Existir es aparecer en la radio o en la televisión?
- Actualmente, nadie puede iniciar una acción sin el apoyo de los medios. Tan simple como eso. El periodismo termina dominando toda la vida política, científica o intelectual. Habría que crear instancias en las cuales investigadores y periodistas se critiquen mutuamente y puedan trabajar en conjunto. No obstante, los periodistas son una de las categorías más susceptibles: se puede hablar de los curas, de los patrones e incluso de los profesores, pero sobre los periodistas es imposible mencionar las cosas que llegan a hacer...
- ¡Es el momento de decirlo!
- Hay una paradoja de base: es una profesión muy poderosa, compuesta por individuos muy frágiles. Allí se produce una notable discordancia entre el poder colectivo -considerable- y la fragilidad estatuaria de los periodistas, que se encuentran en una posición de inferioridad tanto respecto de los intelectuales como de los políticos. A nivel colectivo, los periodistas arrasan. Desde el punto de vista individual, están en constante peligro. Constituye un oficio muy duro -no por azar hay allí tanto alcoholismo- y los jefecitos son terribles. No sólo se quiebran las carreras, sino también las conciencias, lamentablemente. Los periodistas sufren mucho. Al mismo tiempo se vuelven peligrosos: cuando un ámbito sufre, termina transfiriendo su dolor hacia afuera, bajo la forma de la violencia o el menosprecio.
- ¿Podría haber reformas en esa esfera?
- La coyuntura es muy desfavorable. En el campo del periodismo existe una competencia furiosa, en la cual la televisión ejerce una coacción terrible. Podrían ofrecerse miles de índices, como el de la transferencia de periodistas televisivos a la cabeza de órganos de prensa escrita. Es la televisión la que define el juego: los temas de los que hay que hablar, qué personas son importantes y cuáles no. Con todo, la televisión, alienante para el resto del periodismo, está ella misma alienada, puesto que vive muy particularmente sometida a las imposiciones directas del mercado. (De manera general, si el sociólogo escribiera la décima parte de lo que piensa cuando habla con los periodistas -por ejemplo, sobre la fabricación de los programas-, éstos lo denunciarían por haber tomado partido y por su falta de objetividad, por no hablar de su arrogancia insoportable...). El que pierde dos puntos de rating se queda afuera. Esta violencia que pesa sobre la televisión contamina todo el campo de los medios. Se transmite incluso a los espacios intelectuales, científicos, artísticos, que estaban construidos con base en el desprecio del dinero y a una indiferencia relativa a la consagración masiva. ¿Se imaginan a Mallarmé esperando ser reconocido en las calles y aplaudido en los meetings? Y sin embargo, esos pequeños universos, como la literatura o las ciencias, en las cuales se podía vivir como un desconocido y en la pobreza con la condición de ser estimado por algunos y hacer cosas dignas de realizarse, están actualmente bajo amenaza.
-¿Cree que en las condiciones actuales de competencia los medios pueden escuchar sus razones?
-Sé que puedo parecer un sabiondo que viene a predicar la moral en un momento en que hay que salvarse como sea y en que el patrón de Libération [diario de gran circulación, vinculado al Partido Socialista. (N. de la R.)] debe preguntarse todas las mañanas si habrá suficientes anunciantes para publicar su próximo número. Pero es precisamente esa crisis -y la violencia que exacerba- la que lleva a ciertos periodistas a pensar que estos sociólogos no están tan locos como parecían. Entre los periodistas son siempre los jóvenes y las mujeres los más afectados: me gustaría que comprendieran un poco mejor por qué les pasa eso, que no existió necesariamente un error del jefecito -el cual, por su parte, no es demasiado sagaz, pero por eso se lo eligió-, sino que hay una estructura que los oprime. Esta toma de conciencia puede ayudar a soportar la violencia y a organizarse. Tiene la virtud de desdramatizar y proporcionar instrumentos para una comprensión colectiva.
-Usted describió los campos del arte y de la ciencia como universos que poco a poco van elaborando reglas. ¿Cómo puede ser que el periodismo no haya podido encontrar las suyas?
- En el universo científico, en efecto, hay mecanismos sociales que obligan a los sabios a comportarse moralmente, sean ellos "morales" o no. El biólogo que acepta dinero de un laboratorio para escribir una publicación sin ningún valor... Hay una justicia inmanente. Aquel que transgrede ciertas prohibiciones pierde. Se autoexcluye, se desacredita. Mientras que, en el campo del periodismo, ¿dónde puede localizarse un sistema de sanciones y recompensas? ¿Cómo va a manifestarse la estima hacia el periodista que cumple bien con su trabajo?
-Seguramente alguien lo acusará de querer un sistema dirigista, un comité central de los medios...
- Lo sé. Pero es todo lo contrario. La autonomía que predico ensancha la diferencia. Y es la dependencia la que genera uniformidad. Si las tres revistas francesas -L'Express, Le Point y Le Nouvel Observateur- tienden a ser intercambiables, es porque están sometidas aproximadamente a las mismas coacciones, a las mismas encuestas, a los mismos anunciantes, que los periodistas se pasan unos a otros, y se roban entre sí temas o portadas. Cuando en realidad, si ganaran mayor autonomía respecto de los anunciantes -y de su propio ranking, la cantidad de ejemplares vendidos-, respecto de la televisión, que impone los temas importantes, se diferenciarían enseguida. Para limitar los efectos funestos de la competencia, llegué a sugerir, por ejemplo, que los periódicos crearan instancias comunes, análogas a las que se conforman en casos extremos -como en los raptos de niños-, cuando todos se ponen de acuerdo para hacer el blackout de la información. En estos casos extremos, los medios dejan a un lado sus intereses competitivos para salvar una suerte de ética común. Para otros temas que sólo se tratan porque otros lo hacen podríamos imaginar una especie de moratoria. En el caso de los libros, el fenómeno es asombroso. Muchos periodistas culturales están obligados a hablar de libros que desprecian, únicamente porque los demás los mencionaron, lo cual contribuye bastante al éxito irresistible de libros lamentables...
- Frente a estos medios que le disgustan, usted parece adoptar una actitud que puede criticarse: la del desdén. ¿Por qué?
- Una actitud de repliegue, más bien. Pero no es mía exclusivamente. No conozco a ningún gran sabio, ni gran artista ni gran escritor que no sufra en su relación con los medios. Es un verdadero problema, porque los ciudadanos tienen derecho a escuchar a los mejores. Sin embargo, los mecanismos de invitación y de exclusión hacen que los telespectadores se encuentren casi sistemáticamente privados de lo mejor.
(*) Pierre Bourdieu, filósofo francés, murió el 23 de enero de 2002. Poco antes de esa fecha sostuvo un diálogo con François Granon, del cual reproducimos un fragmento que fue publicado originalmente en la revista Télérama, de París, Francia.


















