Otto Dix es uno de los grandes pintores alemanes modernos. Nació en 1891 y murió en 1969. Participó en la Primera Guerra Mundial, y realizó sus estudios artísticos en las Academias de Dresde y Drusseldorf. En los años 20 fue con George Grosz uno de los mejores representantes de la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit), de signo desgarrado y expresionista. Denunció la injusticia social de la Alemania de la posguerra, con un realismo próximo a la caricatura, con claros influjos del expresionismo, futurismo o dadaísmo. Combatió en la Segunda Guerra Mundial y fue tomado prisionero en Francia en 1945.  Respecto de la guerra diría: “Yo estudié detalladamente la guerra. Hay que describirla de forma realista para que pueda ser entendida. El artista quiere trabajar para que los otros vean cómo fue […] Yo escogí el reportaje verídico de la guerra”.


Fue  perseguido por el nazismo y tildado de artista degenerado; por ello, muchas de sus obras fueron destruidas. 
En 1915 marchó a la guerra. El derrumbamiento del orden establecido, la miseria, los horrores del frente, el miedo, las mutilaciones y la muerte; todo esto le afectó profundamente. El pintor estaba perdido para los cuadros ejecutados según las leyes de la belleza convencional. El arte no le sirve para embellecer la existencia, sino que Dix desilusiona a los espectadores, muchos de los cuales se vuelven asqueados. En dos ocasiones tuvo que comparecer ante el tribunal por sus retratos de prostitutas y las escenas de burdeles al parecer obscenas. En ambas ocasiones fue absuelto.
En 1923 un director de museo adquirió uno de los cuadros de guerra de Otto Dix, “La trinchera”, pero tiene que volver a descolgarlo por orden del consejo de administración. Un crítico de arte particularmente sensible afirmaba: "La segunda anatomía de Rembrandt es digna de que la besen. Esta de Dix es, permítanme la expresión, para vomitar".

 
El Tríptico de la gran ciudad fue pintado diez años después del armisticio, pero la guerra sigue siendo omnipresente en él: en el ala derecha se ve un tullido sin piernas con el rostro remendado, en el ala izquierda un hombre en uniforme caído en el suelo y delante de él un inválido de guerra con las piernas de palo que avanza con la ayuda de muletas.
Los espacios se distorsionan. Los elementos arquitectónicos a la derecha, apilados de forma absurda unos encima de otros. El suelo de parqué en el centro inclinándose hacia delante. A la izquierda, los adoquines del suelo demasiado grandes en comparación con los ladrillos del puente. A ello se añade siempre la «falsa» perspectiva en profundidad: la pareja que baila y la gran mujer de pie están mucho más alejados entre sí de lo que se ve en las tablas del parqué. La prostituta multicolor que rasca la cabeza del caballo con sus dedos puntiagudos, se encuentra junto a la cabeza del hombre tirado en el suelo, pero éste aparece al principio del puente y el caballo detrás. Todo parece no encajar. Incluso el caballo con el saco de avena resulta fuera de lugar. La gran ciudad de Dix no resulta acogedora.


En su Dresde natal,  Otto Dix pinta cada vez más cuadros de familia, su esposa, sus hijos y a sí mismo como padre. Parece que está en armonía con el entorno que le rodea. Ahora aparecen los motivos bíblicos; no por casualidad cuenta que había nacido “junto a la vieja iglesia gótica”.


Dix fue uno de los primeros en ser expulsado de la Academia en 1933. Para los nazis, el arte debe volver a embellecer la existencia y, sobre todo, a glorificar la historia alemana y la raza aria. Los cuadros que dieron la fama a Dix no encajan en este concepto. Se les acusa de “atentar gravemente contra las buenas costumbres del pueblo alemán, y de dañar su voluntad de combate”.
Las obras de Otto Dix sirven ahora como instrumento de intimidación en las exposiciones propagandísticas. Exposiciones que se titulan “El arte al servicio de la desmoralización” o “Espejos de la decadencia” o todavía más simplemente “Arte degenerado”. Los nazis interpretan políticamente los cuadros “desmoralizantes” como “espejos” de la época de Weimar.
En 1934 se prohibe a Dix exponer sus telas. 260 de sus cuadros son confiscados en el curso de estos años. El artista se retira al campo y en 1936 se instila en Hemmenhofen (a orillas del lago Constanza), donde vivirá hasta su muerte.
Conservó el Tríptico de la gran ciudad hasta 1965. Desde 1972 pertenece a la Stádtisehe Galerie de Stuttgart, allí ha encontrado un lugar excelente, expuesto junto a los dibujos de gran formato.



Fuente:
Los secretos de las obras de arte: Rose-Marie & Rainer Hagen. Tomo I Taschen GmbH, 2003.  Printed in Spain. Via Revista de artes

2 comentarios:

Anónimo dijo...

cual era el color y la atmsfera?

En una tierra de colores claros dijo...

Hola Anónimo, bienvenido.

Creo que la atmósfera de los cuadros de Dix es bastante clara, refleja de manera casi periodística los horrores que se producen durante y después de la guerra. Él mismo diría: "(…) Cuando estabas en primerísima línea, el miedo desaparecía. En fin, todo esto son acontecimientos que yo necesitaba vivir a toda costa. También tenía que vivir cómo de repente uno cae a mi lado y... se acabó: la bala le ha acertado de lleno. Todo esto tenía que vivirlo con suma exactitud. Lo deseaba. Así que no soy un pacifista. O quizá fui una persona curiosa. Y es que soy un realista, sabe usted, que necesita verlo todo con sus propios ojos para constatar que es así... De modo que soy un realista. Tengo que verlo todo. Tengo que presenciar en persona todos los abismos insondables de la vida. Por eso voy a la guerra".
Y si bien para muchos de sus cuadros elige colores vibrantes (como en el Tríptico, donde se ve la decadencia de la Alemania de la posguerra), su serie de grabados llamados "La guerra" (con un brillante manejo de los claroscuros) le imprime un fuerte dramatismo a su obra.
Podés encontrar información sumamente interesante respecto de la "Nueva objetividad" que alcanza no sólo al arte pictórico si no también al cine, la literatura y la música, entre tantas otras manifestaciones artísticas.

¡Saludos!

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