Elbiamor, ellos dicen
que solo canto a mujeres abstractas,
a los Principios hembras,
a las madonas de la Geometería.
Ellos dicen que no he levantado
para ti ni una sola casa de música,
ni he construido el cielo de palabras
que me rogó tu ángel.
Ellos adornan sus amores
con la pinza maestra del joyero;
con las astillas del idioma encienden
sus públicas fogatas a Dorios o Amarante;
llevan en el costado, muy visible,
la flecha del Arquero;
y es fácil para todos
en la rima o la rama
y en la pluma o el plomo.
Elbiamor, yo podría
lanzar tu nombre a las mareas del sonido,
y sentarte de pronto en la rodilla
caliente de la Musa.
Pero, ¿cómo decir lo no cantado,
lo terrible y lo justo,
sin irritar al dios que guarda
tu alegoría y mi silencio?
Ellos ignoran, Elbiamante,
que tu delicia es un sabor
defendido con siete pasadores
de un metal que lastima los dedos.
Ellos ignoran que se han perdido
las llaves de tu mundo;
por lo cual el otoño quedó afuera,
y el verdor adentro,
y la risa de pie y con su hoja intacta.
Ellos no saben que tu Día
se parece a la historia de un pueblo y su laurel,
donde tu mano derecha
lanza el navío de Ulises a los golfos perversos;
donde tu mano izquierda
prepara el vino de los héroes
y el ungüento de los leprosos;
donde cada bandera es un niño
y una razón y una muerte;
donde galopan juntos
los caballos del sol y los del hombre.
Ellos nunca sabrán que tu Noche
se ha edificado
con el plan de los alquimistas
que flagelan el mercurio,
con el sigilo de los ladrones a caballo
y el de los amantes de a pie,
con el recelo de las brujas
que arañan la tierra buscando una cebolla,
con la meditación del santo
frente a una calavera de príncipe,
con el insomnio de los gallos
evangelistas
y la inocencia de las ranas
que presenciaron el diluvio.
Elbiamor, así empieza la tortura
de un canto improferible.
¿Cómo decir que hacia tu voz caminan,
para beber, los dulces animales cansados;
que al despertar enciendes la rosa
y al dormirte la apagas;
que tu exaltado corazón impone
su ritmo a un tiempo de alazanes;
que al caminar inventas el Espacio
y al reirte construyes la primera guitarra;
que tu pulmón es el taller del aire
y tu espina dorsal el fundamento
de la Arquitectura,
y tu lengua el origen de la sal
y tu riñón el yunque porfiado de la guerra?
Elbiamor, tu memoria se parece
a un dichoso año que resucita.
Elbiamor, cuando piensas, tu Razón
es una virgen montada en un toro blanco.
Elbiamor, en tus obras
la Voluntad imita el paso
de los cargadores de trigo.
Elbiamor, cuando sueñas,
la construcción del mundo
es una risa de albañiles.
Porque tu fábula es como la paloma
que le dijo al buitre: "Yo soy tu pan y muero".
Tu leyenda es como el rey
que se fue de cacería
y regresó con la piel de un centauro.
Tu historia es como un ejército
que se durmió junto a las uvas.
Tu mito es como el flautista
que vio el semblante de su Dios
por los agujeros de su flauta.
Y es verdad que tu ciencia
es una granada inscripta
en un triángulo rectángulo.
Y tu justicia es el pez que devuelve
los anillos arrojados al mar.
Y tu furor el hijo
de un viento y una parra.
Y tu caridad el buche roto
del pelícano.
que solo canto a mujeres abstractas,
a los Principios hembras,
a las madonas de la Geometería.
Ellos dicen que no he levantado
para ti ni una sola casa de música,
ni he construido el cielo de palabras
que me rogó tu ángel.
Ellos adornan sus amores
con la pinza maestra del joyero;
con las astillas del idioma encienden
sus públicas fogatas a Dorios o Amarante;
llevan en el costado, muy visible,
la flecha del Arquero;
y es fácil para todos
en la rima o la rama
y en la pluma o el plomo.
Elbiamor, yo podría
lanzar tu nombre a las mareas del sonido,
y sentarte de pronto en la rodilla
caliente de la Musa.
Pero, ¿cómo decir lo no cantado,
lo terrible y lo justo,
sin irritar al dios que guarda
tu alegoría y mi silencio?
Ellos ignoran, Elbiamante,
que tu delicia es un sabor
defendido con siete pasadores
de un metal que lastima los dedos.
Ellos ignoran que se han perdido
las llaves de tu mundo;
por lo cual el otoño quedó afuera,
y el verdor adentro,
y la risa de pie y con su hoja intacta.
Ellos no saben que tu Día
se parece a la historia de un pueblo y su laurel,
donde tu mano derecha
lanza el navío de Ulises a los golfos perversos;
donde tu mano izquierda
prepara el vino de los héroes
y el ungüento de los leprosos;
donde cada bandera es un niño
y una razón y una muerte;
donde galopan juntos
los caballos del sol y los del hombre.
Ellos nunca sabrán que tu Noche
se ha edificado
con el plan de los alquimistas
que flagelan el mercurio,
con el sigilo de los ladrones a caballo
y el de los amantes de a pie,
con el recelo de las brujas
que arañan la tierra buscando una cebolla,
con la meditación del santo
frente a una calavera de príncipe,
con el insomnio de los gallos
evangelistas
y la inocencia de las ranas
que presenciaron el diluvio.
Elbiamor, así empieza la tortura
de un canto improferible.
¿Cómo decir que hacia tu voz caminan,
para beber, los dulces animales cansados;
que al despertar enciendes la rosa
y al dormirte la apagas;
que tu exaltado corazón impone
su ritmo a un tiempo de alazanes;
que al caminar inventas el Espacio
y al reirte construyes la primera guitarra;
que tu pulmón es el taller del aire
y tu espina dorsal el fundamento
de la Arquitectura,
y tu lengua el origen de la sal
y tu riñón el yunque porfiado de la guerra?
Elbiamor, tu memoria se parece
a un dichoso año que resucita.
Elbiamor, cuando piensas, tu Razón
es una virgen montada en un toro blanco.
Elbiamor, en tus obras
la Voluntad imita el paso
de los cargadores de trigo.
Elbiamor, cuando sueñas,
la construcción del mundo
es una risa de albañiles.
Porque tu fábula es como la paloma
que le dijo al buitre: "Yo soy tu pan y muero".
Tu leyenda es como el rey
que se fue de cacería
y regresó con la piel de un centauro.
Tu historia es como un ejército
que se durmió junto a las uvas.
Tu mito es como el flautista
que vio el semblante de su Dios
por los agujeros de su flauta.
Y es verdad que tu ciencia
es una granada inscripta
en un triángulo rectángulo.
Y tu justicia es el pez que devuelve
los anillos arrojados al mar.
Y tu furor el hijo
de un viento y una parra.
Y tu caridad el buche roto
del pelícano.
Elbiamor, ellos dicen
que solo canto a mujeres en forma de número,
y que tu elogio se parece a un niño
que no podrá nacer.
Déjalos en su mundo, y que nos dejen,
a mi en el yacimiento de tu gracia
y a ti en el ecuador de tu poeta,
Elbiatodasilencio,
que solo canto a mujeres en forma de número,
y que tu elogio se parece a un niño
que no podrá nacer.
Déjalos en su mundo, y que nos dejen,
a mi en el yacimiento de tu gracia
y a ti en el ecuador de tu poeta,
Elbiatodasilencio,
y a elbiamorosamente no cantada.


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3 comentarios:
Gracias por finalmente acercarme al señor Leopoldo, siempre nos cruzamos, pero nuca nos detuvimos.
"Elbiamor, cuando sueñas,
la construcción del mundo
es una risa de albañiles."
Si aun no leiste nada de Marechal me veo tentada a recomendarte "El banquete de Severo Arcángelo" (libro para leer y releer) y su obra más conocida, "Adán Buenosayres".
Respecto del Adán, Julio Cortázar dice en la revista Realidad: "Ignoro si se ha señalado cómo tropiezan nuestros novelistas cuando, a mitad de un relato, plantean discusiones de carácter filosófico o literario entre sus personajes. Lo que un Huxley o un Gide resuelven sin esfuerzo, suena duro e ingrato en nuestras novelas; por eso cabe llamar la atención sobre el "ars poetica" que, disperso y revuelto, dialogan aquí y allá los protagonistas de Adán Buenosayres, y la limpieza con que los debates se insertan en la acción misma".
Podés leer el artículo completo en www.lamaquinadeltiempo.com/cortazar/marechal.htm
Ambos libros, recuerdo que estaban en la biblioteca de mis padres, cuando era adolescente yo evitaba leer esos y buscaba "los míos", pero creo tener "El banquete..." en mi biblioteca hoy, que se ha nutrido de aquella otra. Pero aún no he tocado esos libros, supongo que siento algo..., como nostalgia. Recuerdo que sin embargo sí leí de las obras completas de García Lorca, o de las de Kafka casi todo, y un par de novelas de Huxley, lo que encontré de H. Miller y otras cosas. Ah, sí Sartre y Kierkegaard.
Pero algún problema con el sector de la argentinidad tuve. En el cual estaba todo Borges, y no existía un Cortazar. Quizás en esos estantes era donde más se notaba la cuestión ideológica. Borges me llegó tarde, Cortazar desde muy chico, todo operaba al revés, jajja... Puede que ahora le toque el turno a Leopoldo.
Gracias.
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